Marcelo Ortega, periodista

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martes, marzo 21

DÍA DE LA POESÍA, OTRA VEZ

Este poema de Jaime Gil de Biedma se cuenta entre mis preferidos. En el Día de la Poesía, lo vuelvo a leer, después de muchos años


   RIBERA DE LOS ALISOS

Los pinos son más viejos.
                                   Sendero abajo,
sucias de arena y rozaduras
igual que mis rodillas cuando niño,
asoman las raíces.
Y allá en el fondo el río entre los álamos
completa como siempre este paisaje
que yo quiero en el mundo,
mientras que me devuelve su recuerdo
entre los más primeros de mi vida.

Un pequeño rincón en el mapa de España
que me sé de memoria, porque fue mi reino.
Podría imaginar
que no ha pasado el tiempo,
lo mismo que a seis años, a esa edad
en que el dormir descansa verdaderamente,
con los ojos cerrados
y despierto en la cama, las mañanas de invierno,
imaginaba un día del verano anterior.
                                               Con el olor
profundo de los pinos.
Pero están estos cambios apenas perceptibles,
en las raíces, o en el sendero mismo,
que me fuerzan a veces a deshacer lo andado.
Están estos recuerdos, que sirven nada más
para morir conmigo.

Por lo menos la vida en el colegio
era un indicio de lo que es la vida.
Y sin embargo, son estas imágenes
– una noche a caballo, el nacimiento
terriblemente impuro de la luna,
o la visión del río apareciéndose
hace ya muchos años, en un mes de septiembre,
la exaltación y el miedo de estar solo
cuando va a atardecer -,
antes que otras ningunas,
las que vuelven y tienen un sentido
que no sé bien cuál es.
                                   La intensidad
de un fogonazo, puede que solamente,
y también una antigua inclinación humana
por confundir belleza y significación.

Imágenes hermosas de una historia
que no es toda la historia.
Demasiado me acuerdo de los meses de octubre,
de las vueltas a casa ya de noche, cantando,
con el viento de otoño cortándonos los labios,
y la excitación en el salón de arriba
 junto al fuego encendido, cuando eran familiares
el ritmo de la casa y el de las estaciones,
la dulzura de un orden artificioso y rústico,
como los personajes
en el papel de la pared.

Sueño de los mayores, todo aquello.
Sueño de su nostalgia de otra vida más noble,
de otra edad exaltándoles
hacia una eternidad de grandes fincas,
más allá de su miedo a morir ellos solos.
Así fui, desde niño, acostumbrado
al ejercicio de la irrealidad,
y todavía, en la melancolía
que de entonces me queda,
hay rencor de conciencia engañada,
resentimiento demasiado vivo
que ni el silencio y la soledad lo calman,
aunque acaso también algo más hondo
traigan al corazón.
                        Como el latido
de los pinares, al pararse el viento,
que se preparan para oscurecer.

Algo que ya no es casi sentimiento,
una disposición de afinidad profunda
con la naturaleza y con los hombres,
que hasta la idea de morir parece
bella y tranquila. Igual que este lugar.

miércoles, enero 11

RESPUESTAS FÁCILES


Las respuestas fáciles a problemas complejos están de moda. Más que nunca, quizá, ahora que parece que los altavoces de las redes sociales les dan alas. Para qué perder el tiempo con ensayos de cientos de páginas si se puede opinar de lo mismo con apenas memorizar una creencia prestada, apenas una frase, una explicación simplona por mucho que pueda ser exagerada, injusta, o directamente falsa. Frivolizar sobre asuntos poco frívolos ya no es una cuestión de barra de bar, o baste decir que la barra de bar se ha elevado a la categoría de altar para opinadores. Me sorprendí hace unas semanas leyendo un artículo de Javier Marías en El País que merecía publicarse en las Cartas al Director, a lo sumo, con algún que otro disparate y chanza. No me cabe duda de que tuvo su público. No suelo buscar y rebuscar por las secciones de Opinión, pero otros dislates me han llegado por las reacciones provocadas. Uno esta semana era por una entrevista con Arturo Pérez Reverte, alguien a quien suelo leer atento cuando habla del oficio, del periodismo, y más cuando habla de libros. En su respuesta acerca del yihadismo leí asombrado lo que me pareció una idea tan peligrosa como la violencia que, supongo, pretende combatir. Sorprende que alguien tan conocedor de la Historia hable sin parecer acordarse de ella, por mucho que exagerar sea su estilo, aunque así se aleje de la realidad. El mismo articulista, fiel a la idea de polemizar caiga quien caiga, volvía esta semana a la palestra con un artículo donde, a partir de un suceso personal, dibuja un panorama completo de los fallos de la sociedad española, los defectos del sistema policial y la justicia que muchas veces se ve incapaz de corregir o enmendar la injusticia. A Arturo Pérez Reverte y su familia le dieron un susto unos ladrones al entrar a su casa para robar, cosa que no le deseo a nadie, y que espero no vivir nunca, pero el episodio le sirve a Reverte para escribir a chorrón, quizá sin pensar mucho lo que escribe, con la gracia habitual de sus textos. A mí, que por tareas profesionales me toca acudir a muchos juicios con sucesos de todo pelaje, no me costó entender la desazón y el desamparo de quien ve su casa violada por desconocidos, pero me quedé atónito al leer que la experiencia de Pérez Reverte le hace saber que si uno es inmigrante eso es un “atenuante definitivo” para que el juez de turno le baile el agua y poco menos que le aplauda la conducta. ¿De verdad alguien tan versado e instruido como Reverte piensa eso? ¿Lo ha vivido, se lo han contado? ¿Hay algo en el Código Penal que favorezca a las personas según su origen? En verdad sí, pero a los españoles, que no serán expulsados nunca de España por una sentencia judicial. Sí ocurre con los extranjeros, como en muchas otras naciones, aunque aquí la conversación de barra de bar también podría incluir que es algo que se impone a inmigrantes sin clase: Nadie va a pedir que expulsen de España a Leo Messi, o a Neymar, llegado el caso, ni a otros deportistas con delitos en su curriculum. Ejemplo así hay más, pero con este basta. Da miedo, sin embargo, que argumentos tan pueriles salgan de personas respetadas, reconocidas, y por ello escuchadas por personas influenciables. La Historia también enseña cómo acabaron sociedades que tiraron por este camino. Si el horno no está para bollos, que al menos la leña al fuego no la echen los que, al menos sobre el papel, piensan antes de coger una pluma.


PD: Si alguien quiere saber más acerca del yihadismo, sugiero la lectura de 'Que no cunda el pánico', de Gwynne Dyer. No dice nada sobre quién tiene más cojones, pero algo ayuda

viernes, septiembre 16

(TRES) LIBROS SOBRE ITALIA


Estamos condenados a no saber nada, a no saber de verdad, aun atados como estamos a la idea ilustrada de que el conocimiento humano puede llegar hasta la última explicación. Para quienes quieran combatir esta idea de lo imperfecto de nuestra percepción, el reto siempre es el mismo: Italia. En el credo popular más o menos cercano está siempre este país como un gran interrogante, atractivo a la vez. Una tierra de enigma empeñada en explicarse precisamente por lo inexplicable. Y no es cuestión de ser ajenos, no pasa porque desde otro punto del planeta sea normal ignorancia: ocurre también a los autóctonos.
Por afición, por admiración, por curiosidad y por un inútil interés en comprender la Historia, hace ya unos años que decidí leer mucho sobre Italia. De entonces a ahora he leído mucho, aunque por supuesto haya podido sacar poco en claro: quizá sepa aun menos que cuando empecé. Eso sí, me dije que los buenos ratos que deja este misterio hecho país (un país sin verdad, que escribió Sciascia) bien merecía compartir las lecturas con el resto. Ahí van tres libros de Italia y sobre Italia, cada uno a su manera, sin pasar por 'El Gatopardo' (una lectura obligada) ni el mencionado Leonardo Sciascia (obligado también).



'Las mentiras de la noche' ('Le Menzogne della notte'), de Gesualdo Bufalino. Si alguien me pregunta por mi libro favorito éste siempre está entre los aspirantes. Con un tono de obra clásica pese al momento en que apareció, 1988, trata un momento histórico importante para Sicilia e Italia para dejar claro que hablamos de una tierra donde nunca nada es lo que parece, y donde cualquier palabra dicha o no dicha tiene un porqué a veces impredecible.




'La concesión del teléfono' ('La concessione del telefono'), de Andrea Camilleri. Con la maestría de un escritor sobre el que pesa la sombra de ser comercial (¡pecado!), y el handicap de estar ligado a la saga del detective Montalbano (tiene muchos buenos títulos y algunos últimos más prescindibles), 'La concesión...' es un libro que bien podría definirse como la vis cómica de El Gatopardo. Todo un ejercicio de estilo donde asoma de nuevo el perfecto manejo que Camilleri hace del lenguaje, las situaciones, y esa manera suya de pintar personajes sin caer en la parodia y sin desvirtuar la “sicilianidad” de todo el texto.




'Nápoles 1944', de Norman Lewis. Siempre es bueno aprender de la mirada de un extranjero sobre una tierra. Lo mejor de ser un país asombroso es que el asombro queda luego puesto por escrito. De Goethe a Stendhal, por citar algunos, Italia es y ha sido un material gourmet para la ficción y la no ficción. Nápoles 1944 es de estos últimos, la crónica que el británico Normal Lewis hizo de su estancia en Campania durante la liberación aliada de la región. Si Italia es el asombro hecho país, Nápoles es el epicentro del asombro, un secreto tras otro. Lewis dibuja un paisaje poblado de hambre y muerte, con una ciudad desolada por los bombardeos. Los personajes reales que aparecen circulan entre lo tierno, lo malvado y lo intrépido. Lewis también escribió una historia de la mafia siciliana. 'La Honorable Sociedad'.


viernes, abril 22

Cartas desde los campos nazis*



"Anita, hace algunos días os escribí, y os comunicaba el lugar donde me hallo. Si no la has recibido, por la presente verás que estoy en Alemania". Con estas líneas, escritas el siete de abril de 1941, José Montesinos contaba a sus parientes de Albacete cuál era su nuevo paradero después de pasar por Francia al término de la Guerra Civil. José Montesinos, nacido en 1917, es uno de los albaceteños que estuvieron internados en los campos de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial, en concreto uno de los 163 que pasaron por el campo nazi de Mauthausen. José Montesinos es además uno de los que desgraciadamente no pudo regresar. Como él, otros 95 albaceteños fallecieron o fueron asesinados en este campo antes de que pudieran ser liberados por las tropas aliadas. El testimonio de los últimos meses que vivió José sólo puede seguirse en las cartas que conserva su familia en Albacete. Su sobrina guarda algunas de las letras que José puso a sus parientes, primero desde Francia, donde también estuvo internado en un campo de prisioneros nada más huir de España, y luego desde Alemania.
La historia de este albaceteño que se adivina en las cartas puede reconstruirse también desde el episodio colectivo de los republicanos que cruzaron la frontera. José Montesinos fue enrolado en el ejército, donde lucho contra el levantamiento de Franco hasta 1939. Con apenas 20 años, José Montesinos huía a Francia, una vez que las tropas rebeldes tomaban el noreste del país.

YA EN FRANCIA. Como tantos y tantos españoles que cruzaron la frontera desde Cataluña, José Montesinos es internado en el campo de prisioneros de Barcares, en el mes de febrero. Desde ahí escribe en agosto de 1939, aunque no es la primera misiva que envía. La censura hace que no haya ningún comentario sobre cómo están en el campo francés: «Decís que tenéis ganas de verme, pues a mí me ocurre igual, son muchas las ganas que tengo, pero hay que tener resignación».
José Montesinos salió de Barcares el 29 de diciembre de 1939. Él mismo lo relata en la siguiente carta conservada, fechada en marzo, y enviada desde París a Albacete, al domicilio de la calle Marzo donde vivía su hermana. Esa es la carta donde José sí cuenta algún detalle de su paso por el campo de prisioneros de Barcares, donde había estado 10 meses. «En aquellos días negros el único rayo de luz, la única esperanza, eran vuestras cartas, y al leer aquellas líneas tan añoradas no alejábamos por unos momentos de aquél infierno». José cuenta a su hermana que al leer las noticias de su casa a través de las cartas «temía desviar la vista porque la realidad aparecía con toda su negrura».

PRESO DE NUEVO. En esta carta y en la siguiente, fechada en agosto, José está en París, en una compañía de trabajadores. Tiene 23 años, y cuenta a su familia que tiene trabajo, con «el pico y la pala» como herramienta. Trabaja en los pueblos, y se preocupa por la situación en que están sus parientes en Albacete. En este punto, las cartas no permiten saber si José pudo tener relación con actividades de la resistencia en París, o bien simplemente fue apresado por los alemanes mientras permanecía en el batallón de trabajadores. El ejército de Hitler entró en París el 14 de junio, poco más de un mes después de otra carta enviada por José desde París. El armisticio firmado con los nazis por Francia llegó a finales de ese mes de junio, y fue entonces cuando se iniciaron las deportaciones masivas a los campos.
No se sabe si José volvió a comunicarse con su hermana hasta enero de 1941. Esa es la fecha de la siguiente carta que se conserva, fechada 11 de enero, y ya enviada desde el Stalag XI-A, el campo de prisioneros nazi de la localidad de Altengrabow, donde José entró con el número de prisionero 4.883. Las cartas llegan a Albacete con los sellos del régimen nazi, con la impronta de la censura, y en el folio puede leerse, en alemán y francés, la leyenda Papel reservado a los prisioneros de guerra, no escribir sobre las líneas, a lápiz y legible.
En la carta siguiente, fechada el 9 de febrero de 1941, José declara que está en Alemania: «hace unos días os escribí y os comunicaba el lugar donde me hallo, si no la has recibido por la presente verás que estoy en Alemania, y estoy muy bien». Los prisioneros no podían relatar nada que revelara detalles de los campos, y ese silencio también se incluye en esta otra serie de cartas. Después de esta carta de febrero, lo que su familia supo de José llegó en otras dos cartas, las dos de abril, los días 7 y 20. José Montesinos estaba en el Stalag XI-A todavía, pero sí se adivina que el panorama dentro del campo de prisioneros no invitaba a la esperanza: «Paciencia, resignémonos, ya vendrán tiempos mejores. Con lo que respecta a lo que pueda tardar en escribir, si tardo no sufrir, puesto que en estas circunstancias no se puede escribir cuando uno quiere». La última carta de José conservada, escrita seis días antes de ingresar en Mauthausen, es todavía más escueta. Finaliza con su despedida clásica, «besos y abrazos de Pepe».


SIN NOTICIAS. A partir de aquí, nada se sabe de su destino. Los archivos dicen que José Montesinos entró en Mauthausen el día 26 de abril de 1941. Poco después, el 30 de junio, fue derivado al subcampo vecino de Gusen. Ese campo fue donde murió, el 23 de febrero del año siguiente, 1942, pero no se sabe en qué circunstancias. En 1957, desde Francia, se notificó a su hermana la existencia de indemnizaciones para los fallecidos «a consecuencia de los malos tratos recibidos» en los campos de concentración. Josefa, hija de Anita, la hermana de José, no puede responder a cuál fue el final de su tío ese día de febrero de 1942: «Mi madre sabía muy poco de lo que a él le pasó. Se fue en la guerra y no volvió. Estas cartas quedaron porque estaban en su casa. Fotografías y otras cosas de él se las echamos a mi madre en la caja cuando murió, en 2007». De José no queda nada más. Su historia, como la de muchos españoles que pasaron por el horror nazi, tiene un final precipitado, con apenas 30 años, y a miles de kilómetros de casa.



*(Publicado en La Tribuna de Albacete el 31 de mayo de 2010)



miércoles, julio 29

THATCHER Y EUROPA

En una entrevista crepuscular, o sea cuando ya era una anciana, a Margaret Thatcher le preguntaron cuál creía que era su mayor logro político. La respuesta da pavor: «Tony Blair y el nuevo laborismo. Hemos obligado a nuestros adversarios a cambiar de opinión». A Thatcher aún le ponen altares los conservadores, como si hubiera que dar premios a quienes tienen el récord de destruir puestos de trabajo y cerrar empresas, pero su respuesta es el mejor análisis de lo que pasa (y le pasó) a la socialdemocracia europea durante las últimas dos décadas y media. Junto con los laboristas británicos, al mismo carro de mutar la identidad se subieron los partidos mayoritarios del llamado centroizquierda en el resto de países, partidos históricos capaces de gobernar durante grandes períodos de tiempo que una vez despojados de su identidad (social y laboral) quisieron ocupar el mismo espacio político que los conservadores. Con el neoliberalismo como mal menor, todos esos partidos que habían sido capaces de armar sistemas de bienestar y un determinado modelo productivo acabaron aplaudiendo la misma ideología liberal sobre la que se fundó la Unión Europea. La respuesta a la crisis griega ha sido el mejor ejemplo: Ninguna ayuda para los helenos de parte de Italia, Francia, ni mucho menos España. Los partidos y gobiernos llamados a hacer frente a las líneas generales que marca el poder financiero en Bruselas salieron todos juntos al lavabo cuando hubo que elegir: Ahí quedó Grecia sola.
Conviene tomar nota del problema, porque con la socialdemocracia perdida y sin rumbo hacer frente a una Europa que marca récords de ideología neoliberal va a requerir alianzas más allá de las fronteras. De nada servirá que España cambie de Gobierno y de mensaje, de nada servirá empezar a verbalizar el disparate europeo, si esa voz no tiene eco en los gobiernos de otros países del entorno, o al menos en mayorías políticas de Europa donde quepa la defensa de un estado social, y no este crimen a gran escala que ahora es la política comunitaria. Grecia ya ha tenido su dosis de realidad cuando fue a buscar ayuda real a Europa. Aquí en España, para elaborar los programas electorales, conviene afinar con lo que se dice y promete, y conviene tener en cuenta qué ayudas se van a tener en el arco parlamentario.

lunes, julio 13

UNA FLOR DE PLÁSTICO


De todas las últimas canciones de Javier Krahe me gustaban muchas, aunque a lo largo de los años haya ido dejando tantas y tan buenas. Todo el mundo se acuerda de ‘La Mandrágora’, pero quienes conocimos al tío Javier en los conciertos del Central siempre nos pareció su mejor disco el primero de los directos allí grabado, ese ‘Cábalas y cicatrices’ de principios de siglo (XXI), donde todo el repertorio era un ejemplo de hasta dónde se puede rimar, imaginar e inventar con música muy cuidada de fondo. En las navidades del año de ese disco, 2002, fue cuando nos acercamos por primera vez al pequeño café de la plaza del Ángel. Como llegamos con tiempo a Madrid y la garganta se nos secaba, cuando llegó la hora del recital estábamos más que contentos. Los músicos y el público lo pudieron comprobar bien: Cantábamos a coro y a voz en grito como si el concierto lo dieran en Las Ventas.
Con los conciertos de Krahe siempre tenías a mano al artista. Le saludabas antes y después, te hacías las fotos de rigor. Le dabas la tabarra, en mayor o menor grado, dependiendo de la alcoholemia previa que tuvieras encima. Aquella primera vez nos aguantó educadamente, pese a que le habíamos dado la noche (otros músicos así nos lo dijeron, con peores modos, pero con la misma razón). Lo más parecido a una queja de Krahe fue decir que no deberíamos haber llegado a los bares con tanta antelación. Vaya que no.
Desde aquella primera vez volvimos muchas veces, siempre en Navidad, a ver a Javier Krahe y toda su banda, como se anunciaba en el clásico letrero con rotulador rojo y azul. De aquella vez y de otras cuantas también falta ahora Jimmy Ríos, percusionista, fallecido el año pasado. Con gente diferente, pero con la misma ilusión, la cita en Navidad y en el Central no faltó desde entonces casi ningún año. Si había suerte, y si no tenía otros compromisos, el artista acababa charlando en la barra contigo. Nos pasó dos veces con un mayor minutaje, con conversaciones que hoy me gustaría recordar mejor, pero la bebida hace estragos. Una vez casi lo acompañamos hacia su casa, pero preferimos dejar a Krahe en compañía de un tipo pelma que no se separaba de él pese a que lo conocía solo de esa noche: «Es un psiquiatra, pero un psiquiatra que necesita ayuda», nos dijo Javier. Yo tenía envidia de otros seguidores que habían hecho amistad con el artista, y que parecían tener confianza para preguntarle por los asuntos cotidianos. Muchos eran más jóvenes que yo, y esa relación cordial la habían forjado a base de estar en los conciertos una y otra vez, de estar en la barra al terminar, y rezar, como hacíamos nosotros, para que el maestro se viniera a saludarte y compartir contigo su whisky con agua y el purito (cuando aún le dejaban fumar dentro). Muchos podrán escribir hoy su particular experiencia personal con este escritor, cantante. Lo que fuera.
Que se muera Javier Krahe, que se muriera hace solo unas horas, ha sido una sorpresa. Se murió junto a la playa, que tanto quería, pese a lo madrileño que era, y yo me enteré junto a la playa. Sólo unos días antes, yo me acordaba de su canción ‘Días de playa’, porque siempre se me viene a la cabeza contemplando el mar, «una redundancia». Después de todo, creo que no ha sido un mal final. Alguien ya lo ha escrito, es difícil imaginarse a Krahe retirado, envejeciendo hasta el punto de tener que decir «lo dejo», aunque disfrutara tanto del dolce far`niente y supiera disfrutar de la vida viviendo de su trabajo, lejos de modas, con su habitual camisa blanca, la barba amarilla, y ese tic del bigote que advertías viéndole de cerca. No habrá próxima vez, como la parca le decía a su personaje, el tío Marcial, cuando iba a buscarlo. Aquella canción de cuando yo nací decía que el hombre, intentando trascender, se empeñó en dejar «un libro, un hijo y un árbol» a su paso por el mundo, pero este mundo de obstáculos le hizo un desencantado, y el tío Marcial decidió que si vivía otra vida dejaría «un borrego, una fotonovela, y una flor de plástico». Visto hoy, no es tan mal legado. Salud. 


lunes, junio 8

HACIENDO MEMORIA


Haciendo memoria he encontrado esta pequeña entrevista de abril de ¿2013? a Pablo Iglesias a su paso por Albacete.


miércoles, mayo 27

CONVENCER POR SIGNOS




Se acabaron los tiempos en los que el político estaba solo ante el público de cada mitin. Es verdad, a veces los partidos colocan detrás a sus juventudes, o a sus nuevas generaciones, pero la sentencia viene a colación por las figuras que están al otro lado del escenario. De negro, moviéndose, traduciendo al lenguaje de signos cada palabra, cada modulación del discurso del candidato o candidata. Así trabajan los intérpretes que hacen que los mensajes de estos días de campaña electoral lleguen a todos, también a las personas sordas. Un trabajo aún poco conocido, pese a que la lengua de signos es por ley un lenguaje más.
Convertir a los gestos conceptos como democracia, ciudadanos, votos o recortes tiene detrás a personas muy preparadas cuya presencia en los mítines tiene que ver con el servicio de interpretación de la Federación de Personas Sordas de Castilla-La Mancha. Su coordinadora, Mari Carmen Castro, explica que muchos de estos intérpretes son los que dan el servicio de acompañar a usuarios que necesitan su ayuda para hacer cualquier trámite en su vida diaria: «Ir al banco, presentar un documento, la renta… En la federación tiene siete intérpretes, pero ahora también tenemos que contar con intérpretes de una bolsa, y por zonas, según donde sean los actos». La coordinadora indicaba que en campaña y también en otros momentos «el PSOE siempre ha contado con nosotros para los actos; otros partidos también llaman para actos puntuales». Los intérpretes son cada vez más presentes, aseguraba: «Se viene haciendo más desde que se aprobó la ley que reconoce la lengua de signos como una lengua más».
María Lobato es una de esas intérpretes, con ocho años de experiencia. Explica su trabajo después del mitin de Emiliano García-Page en Illescas, señalando que contar signando lo que dice un político es muy diferente de hacer la traducción de otros textos: «Me encanta hacer estos actos, los políticos hablan muchas veces con circunloquios, metáforas… Eso te hace tener que saber explicarlo. Además, no solo vas signando, tienes que traducir con todo el cuerpo. Si el que habla es tajante, tú también tienes que serlo». Esta intérprete comentaba que le lengua de signos también implica no dejar nada por omitido: «Tienes que saber cosas de la actualidad, porque a veces debes añadir información. Por ejemplo, si Page alude a 'lo que ha pasado a Susana Díaz', tengo que explicar eso; si no, para una persona sorda eso queda muy pobre».

Dividir la mente
Expresividad, conocimiento de los temas que se tratan, y también mucha concentración son ingredientes que se necesitan para que el discurso del candidato llegue en todo detalle a quien no puede escucharlo, comenta María: «Es muy enriquecedor, pero requiere mucha concentración, por eso también terminas agotado. Tienes que dividir la mente en dos, por un lado escuchas, y por el otro haces los signos, no sólo con las manos. A veces tienes que detenerte en explicar algo y mientras sigues escuchando para no dejarte nada». Esta forma de trabajar requiere técnica, aunque asegura que con la experiencia todo se automatiza: «Yo ya no me dejo ni una palabra sin hacer; a lo primero cuesta más. Necesitas mucha rapidez mental para ser fiel al discurso, y eso requiere también conocer la actualidad, saber de qué se está hablando».
El final del mitin es el momento de percibir el cansancio, comenta María: «Mientras signas no lo notas, como cuando haces un examen de tres horas, y es al terminar cuando llega la fatiga». La recompensa, en cualquier caso, también llega: «Las personas sordas quedan muy agradecidas por ir a un acto y poder entenderlo todo». Escuchar sin poder escuchar.

lunes, mayo 25

'TIRANDO, TIRANDO', crónica de una campaña electoral

15 días son muchos días, salvo cuando son de vacaciones. 15 días, pasando más de 15 horas viajando con un autobús siguiendo a un candidato a presidente, también puede ser mucho tiempo, aunque la intensa agenda te haga imitar el ritmo y adaptarte a pensar rápido, esquivar lo manido del discurso y elegir las claves, encomendarte a la patrona de la WIFI y los santos que hacen funcionar a ordenadores, móviles y grabadoras, para después escribir en la pequeña pantalla en el asiento del autobús, pensando en cómo resumir todo a la vez que sujetas el portátil para que no salga volando y lanzas maldiciones a quien inventó los badenes, las rotondas, los infames guardas tumbados.


Para nosotros la campaña ha sido toda una novedad. Bajamos Del autobús por primera vez en Guadalajara, y hemos tenido la despedida en Salobre, a muchos kilómetros de distancia. Valga la experiencia al menos para darte cuenta de que sí, Castilla-La Mancha es muy grande. Tan grande que de memoria es imposible recordar todas las paradas que la caravana socialista ha hecho. Tan grande como la humanidad que descubres en quien te acompaña, reporteros entregados, mucho más válidos que lo que pone en sus nóminas. Con ellos compartes muchos cafés, bocadillos liados en papel de aluminio pasada la medianoche por carreteras secundarias que no sabías que existían. Luego está hablar con mucha, mucha gente, conocer sus historias, sus quejas porque no hay sillas de ruedas en los hospitales, porque el autobús ya no va de Marchamalo a Guadalajara capital, o porque el sobrino está buscándose la vida en una ciudad de la que su tío no recuerda el nombre: «Es un sitio de Alemania, vaya». A todos hay que escucharles, como si fuéramos también candidatos, como si tuviéramos alguna solución en la libreta, rellena de apuntes. Hasta escuchamos cantar al otro protagonista de esta caravana, Ismael ‘el Bisbal de Malagón’, el mejor ejemplo de que esta campaña no se parece a ninguna, sobre todo porque ya funcionan, y mucho, las redes sociales: De estar con nosotros en su pueblo pasó a estar esa noche en los programas nacionales de televisión, y luego ser noticia hasta en Perú. Nunca un candidato a la Junta llevó su nombre más lejos.
De la caravana guardaremos el recuerdo de leer el horóscopo cada mañana en el micrófono del autobús, también el del conductor, que era Libra, y atentos a lo que los astros decían de Géminis y Sagitario, los signos de García-Page y Cospedal, por si ahí había alguna pista acerca del resultado de mañana. También se nos quedará dentro el soniquete del himno socialista, sonando una y otra vez. Al colectivo de reporteros nos ha gustado en particular la versión jazzística, con swing, crepuscular, esa que hace que parezca que el candidato va a llegar con una gabardina y un sombrero a lo Bogart, para luego pedir un whisky en la barra. Sí, correr de un sitio para otro para contar qué hace y dice un candidato también da para ocurrencias. Y para pasar malos ratos, o muy malos, como cuando la cámara de fotos dijo ‘hasta siempre’ (en Ciudad Real, descanse en paz), y sobre todo cuando hubo que mover carros y carretas para hacer la entrevista a Emiliano García-Page: Después de casi ponernos a llorar, hicimos la entrevista en un restaurante de Santa Olalla, debajo de varias cabezas de toro, mientras nos bebíamos un tinto de verano. Faltaban sólo cuatro horas para que tuviera que estar en la rotativa.
Después de la ‘entrevista como puedas’ ya no tuvimos más crisis. Cualquier cosa comparada a esa mala tarde tiene que ser mejor para un periodista y un fotógrafo. Trabajamos rápido, pero esa tarde fue trabajar en la cuerda floja. También de eso se aprende. Dice Page que él estaría 15 días más de campaña, otras dos semanas escuchando aquello de «tirando, tirando, y sin tirar nada» que le decía su abuela, y que quizá sea una frase que acabe impresa en una camiseta. 15 días son muchos días, pero si nos proponen seguir en ruta diríamos que sí. Lo único, que nos deje descansar hasta el lunes.

Publicado en las ediciones de 'La Tribuna' de Castilla-La Mancha el 23 de mayo de 2015